viernes, 16 de enero de 2009

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Agricultura I. Historia.
Categoria: Historia
Propiedad del contenido: Ediciones Rialp S.A. Propiedad de esta edición digital: Canal Social. Montané Comunicación S.L. Prohibida su copia y reproducción total o parcial por cualquier medio (electrónico, informático, mecánico, fotocopia, etc.)
Etimológicamente a. significa «cultivo, cuidado de los campos». La a. en sentido amplio es el proceso del conocimiento y aplicación voluntaria y consciente de los principios del cultivo de las plantas útiles al hombre. En sentido estricto a. es el cultivo intensivo de los campos con el arado (v.), denominándose horticultura (v.) o a. de azada la realizada con medios simples y arcaicos de carácter más primitivo, frecuentemente el almocafre o pincho de cavar y layas de madera, más que la propia azada metálica. El descubrimiento de la a. es uno de los sucesos más decisivos de la Humanidad. Supone un cambio radical no sólo en la economía, al permitir el aumento de población, sino también en la estructuración y concepciones espirituales de los distintos grupos humanos, y es presupuesto básico para otra serie de descubrimientos e inventos (entre los más inmediatos, la cerámica y la tejeduría) que, enriqueciendo el patrimonio cultural, constituyen la piedra angular sobre la que se han edificado las formas de vida posteriores. Las consecuencias más próximas son el sedentarismo de las primitivas comunidades que se constituyen en poblados y la liberación de parte de la población de la continua búsqueda de alimentos. De esta manera, la existencia de tiempo libre permite acelerar el proceso cultural, independizando al hombre de la naturaleza. 1. Origen. La producción intencional de plantas útiles junto con la domesticación de animales, o sea, la posibilidad de producción artificial de alimentos tiene su origen en el Neolítico (v.), hace unos 8.000 años. Según los actuales conocimientos, hay fundamentos razonables para inferir que este hecho acontece por primera vez en un solo lugar, aunque esta opinión no la comparten unánimemente los investigadores. Parece ser que las plantas se comienzan a cultivar antes del 6.000 a. C. en el Próximo Oriente, donde se encuentran en estado silvestre algunos cereales que el hombre cultiva por primera vez. Esta región es, con toda probabilidad, el centro donde se crea la a., según revelan las excavaciones arqueológicas de los poblados de Jarmo y Jericó (v. IERIcó II), donde en los niveles más profundos encontramos indicios de la posesión de cereales (v.) y algunos animales domésticos (v. ANIMAL I, 3), aunque todavía no aparece la cerámica, otro de los elementos típicos que se originan y difunden con la a., en el Neolítico. El proceso del cultivo y cosecha de plantas alimenticias transcurre en un lapso largo de tiempo que posiblemente abarca un milenio, en el que pueblos mesolíticos (v. MESOLÍTICO), como es el caso concreto de la cultura palestiniense denominada Natufiense (v.), recolectan especies de gramíneas (v.) silvestres que almacenan en sus campamentos. No es aventurado suponer que la observación de la germinación (v.) de las especies vegetales transportadas a los campamentos y que pudieron caer al suelo o bien arrojadas entre los restos de.los alimentos habría de conducir a la idea elemental de provocar esta germinación de una manera intencionada. Ello acontecería de un modo gradual y desde luego la idea se aplicaría con toda probabilidad a causa de la escasez de alimentos procedentes de actividades cinegéticas (v. CAZA), dada la universal resistencia de todo grupo humano a cambiar de hábitos alimenticios. La invención de la a. se atribuye a la mujer por la razón obvia de ser ella la que en las comunidades de cazadores tiene la misión de recolectar las plantas comestibles, junto al hecho de que, por motivos de su propia naturaleza, son los miembros femeninos del grupo los que permanecen durante más tiempo en los campamentos, razón por la que el desarrollo de las dotes de observación típicamente femeninas conduciría al conocimiento de los principios de la germinación y desarrollo de las plantas. Este fenómeno lleva a la escuela etnológica históricocultural de Viena (v.) a señalar los elementos característicos del ciclo agrícola matriarcal originado por la posesión de la mujer de los conocimientos de la germinación. Este ciclo estaría caracterizado económicamente por una incipiente a. en la que la mujer desarrolla las tareas propias del sembrado y cuidado de las plantas, en relación con concepciones sociales y religiosas que motivan el predominio de la mujer en la sociedad, en la que la idea de la fecundidad y sus conexos (sangre y fertilidad, ciclos lunar, agrícola y femenino), y el arraigo de las prácticas mágicas (v. MAGIA) constituyen rasgos típicos de los pueblos agrícolas. Todo ello se desarrolla posteriormente en las concepciones religiosas de carácter telúrico en torno a la Madre Pristina o gran diosa, y en las divinidades infernales objeto de antropomorfización (v. ANTROPOMORFISMO), no exenta de carácter poético, en la religiosidad clásica grecolatina. 2. Difusión. Respecto al problema del origen y difusión de la a., aun considerando que existe un solo centro, que puede haber sido el ya citado Próximo Oriente, hay otros dos focos donde la aplicación del principio del cultivo de plantas conduce al descubrimiento de otras variedades vegetales. Estos centros de difusión de la a., que pueden haber surgido independientemente y sin ninguna relación con los del Próximo Oriente, aunque esta opinión es cuestión ampliamente debatida, son los del Sudeste asiático y el del Nuevo Mundo. La importancia de estos focos como centros difusores del cultivo de nuevas plantas es evidente. En el Sudeste asiático se producen plantas muy distintas de los cereales del Próximo Oriente, tales como los taros y ñames. C. O. Sauer cree que se trata de un proceso derivado del trasplante de raíces y esquejes, efectuado por pueblos mesolíticos pescadores que habitaban las costas y las márgenes de los ríos y que necesitarían fibras para la confección de redes y venenos para la pesca (v.). Como puede observarse, el principio en el que se basa (duplicación de plantas en desarrollo) es muy distinto de los que rigen la germinación de los cereales. Queda, no obstante, sin resolver la posible prioridad en relación con la a. de cereales del Próximo Oriente, y aun el origen autónomo sin influencia del Sudeste asiático. De todas maneras es evidente la existencia de este foco, ya sea derivado u originario. Un tercer punto de difusión de especies vegetales, altamente especializado, se constituye en Mesoamérica. Este foco da lugar a las tres quintas partes de las riquezas agrícolas. Entre estas plantas cultivables y de excepcional valor económico actual para grandes contingentes humanos, se pueden citar la patata, maíz, tomate, pimiento, cacao, cacahuete, coca, caucho, tabaco, quinina, vainilla, superando en mucho el número de plantas cultivadas conocidas en el Viejo Mundo en el momento del descubrimiento del continente americano. El sugestivo problema del posible origen independiente de la a. en América es discutible. Abarca un doble aspecto: por una parte, la idea o creación de la a., y, por otra, el origen de las plantas cultivadas en América en el momento del descubrimiento del continente. Son muchos los investigadores que señalan conexiones espirituales y materiales entre el Viejo y el Nuevo Mundo. El hecho de que las culturas agrícolas americanas se originaran en la zona comprendida entre México y Ecuador cercana a la costa del Pacífico, donde confluyen corrientes marinas desde el Viejo Mundo, es del mayor interés. Faltan en América las fases iniciales formativas de culturas recolectoras, siendo además muy rápido el desarrollo de los métodos agrícolas. A favor de la tesis de un origen americano independiente de la a. se señala la procedencia americana de las principales especies cultivadas. Sin embargo, la investigación botánica ha demostrado la ausencia en América de especies de maíz silvestre, planta considerada típicamente americana; por el contrario, variedades antiguas de maíz (v.) se encuentran en el Viejo Mundo: Persia, Turquestán, los países del Himalaya e Indochina. En China oriental estaba ya asentado en el s. XVI y, desde luego, no llega a través del Pacífico. Existen otras especies comunes a ambos continentes, como la palmera cocotera, el taro, el ñame y variedades de calabaza y algodón. Los métodos e instrumentos de cultivo empleados en América son los mismos que en el Sudeste asiático (cultivo en terrazas con sistemas de riego desde los indios pueblo al Perú, bastón de plantar, etc.). Hay coincidencias sociales y religiosas con los elementos propios del sustrato cultural agrícola del Sudeste asiático. Gran número de plantas son originarias de América o allí han experimentado procesos de hibridación (v. afBRIDO) y adaptación por acción del hombre, pero la idea y principios de la a. han debido de llegar a través del Pacífico, al igual que otros elementos culturales. La alta especialización agrícola de las culturas americanas es probablemente debida a la necesidad de ensayar toda forma posible de alimento vegetal ante la escasez de anima les susceptibles de ser domesticados (v. AFRICA III y Iv, l). 3. Evolución. En la zona que comprende el NO de la India, Afganistán, Irán, Transcaucasia y Anatolia oriental, además de cultivarse variedades de trigo y centeno, se aclimatan pronto diversas variedades de árboles frutales (v. ÁRBOL I, 2). Los guisantes y lentejas son antiguas especies originarias de esta zona, de donde procede la vid difundida por la cuenca mediterránea. El consumo de vino se generaliza en el Próximo Oriente hacia el 4.000 a. de C. El lino (v.), cuya difusión está unida al desarrollo de las técnicas del tejido, procede de este foco. En su proyección hacia el Mediterráneo, la puesta en práctica de la idea del cultivo de plantas añade probablemente el olivo, la higuera y la haba. Este fenómeno de difusión de la a. se produce tanto por migraciones como por contactos culturales. Antes del 4000 a. C., la a. de cereales llega a Egipto (Meriende y Fayum), desde donde se difunden las especies cultivadas hacia Occidente y centro y sur del continente africano. Las primeras comunidades de agricultores (en Egipto) se asientan en Meriende y Fayum, ascendiendo por el curso del Nilo y proyectándose hacia el interior del continente africano. Desde el valle del Nilo se difunde la a. a todo el Norte africano que gozaba de mejores condiciones climáticas que en la actualidad. Probablemente, en el área del Sudán geográfico, es decir, en la zona al S del Sahara limitada al O por el océano Atlántico, al E por los macizos de Abisinia y al S por la selva ecuatorial, se aplica la idea del cultivo del sorgo, única especie vegetal que parece originaria de África (V. ÁFRICA III). Posteriormente, hacia el 3000 a. C., y siguiendo el curso del Danubio, penetran en Europa pueblos cultivadores de cereales (mijo, cebada y trigo), que también poseen animales domésticos, talan bosques para obtener espacios aptos para la a. (tala y quema o milpa), y cuyas migraciones y áreas de cultura penetran hasta los valles del Rin y del Mosa. Estas migraciones están bien documentadas por el estudio de sus cerámicas. Hacia el 2500 a. C. la a. ha llegado a toda Europa occidental, donde existe un complejo cultural bastante homogéneo denominado Neolítico occidental. Este carácter tienen las culturas de Almería en España, Lagozza en Italia, Michelsberg en Alemania, Cartaillod en Suiza, Chassey en Francia, WindminHill en Inglaterra, etc. Hacia el Oriente, la a. de mijo y trigo (v.) alcanza Asia occidental, donde se incorpora más tarde una especie cultivable de gran importancia económica para grandes contingentes humanos: el arroz (v.), planta que crece espontáneamente en la zona comprendida entre la India e Indochina. En el 2000 a. C. el arroz se cultivaba en China, desde donde se difunde hacia el Sudeste asiático. Aquí confluyen distintas especies vegetales, cereales, originarios del Neolítico del Próximo Oriente, y las plantas procedentes de este área geográfica: ñames y Caros, bananas, cocotero y árbol del pan, especies que hacen posible el asentamiento humano en las islas oceánicas. Se aclimatan nuevas variedades de arroz que necesitan un ambiente encharcado, y muchos pueblos como los actuales ¡fugaos de Filipinas desarrollan técnicas de regadío bastante complejas. La a. intensiva, mediante el uso de arado, supone un mejoramiento. Su área se reduce a Europa, norte de África, Próximo Oriente, Asia central y norte de China, donde se asocia al cultivo del trigo como planta dominante junto con la cebada (v.) y el centeno (v.); en Extremo Oriente se asocia al cultivo del arroz. Numerosos son los centros derivados donde la aplicación del descubrimiento de la a. origina el ensayo del cultivo de nuevas plantas difundidas a otras áreas, siguiendo la mecánica cultural de este fenómeno, en el que no sólo intervienen factores de índole práctica (utilidad y compatibilidad), sino también psicológicos. P. ej., la patata, cuya utilidad es evidente, tarda mucho tiempo en ser aceptada en Europa como alimento, hasta que con la guerra de los Treinta Años se difunde su cultivo. Por el contrario, el uso del tabaco en todas sus formas, pese a prohibiciones oficiales, se difunde en Europa por vía mediterránea y continental, pasando inmediatamente a Asia con tal rapidez que constituye un caso único en la historia de la difusión de las plantas cultivadas. En menos de 200 años esta planta se reintroduce en América por el Nordeste de Asia. En la actualidad, el cultivo de las plantas no se ha difundido aún en algunas zonas marginales de difícil penetración, donde muchos grupos humanos subsisten desarrollando una estricta economía de recolectores y cazadores sin conocimiento alguno de la a., tales como pigmeos y negritos, bosquimanos, fueguinos, australianos, indios amazónicos, etcétera; pese a ello conocen plantas silvestres comestibles que recolectan para su alimentación. 4. Técnicas. Los métodos de la a. varían según los elementos técnicos disponibles y las condiciones fisiográficas. En los primeros estadios del Neolítico se practica una a. simple de azada y en los lugares boscosos se procede a la tala y quema periódica, como ocurre todavía en vastas zonas geográficas. Posteriormente, la introducción de los abonos (v.), y sobre todo el progreso técnico que supone la invención del arado, que implica necesariamente la posesión del ganado mayor, conduce al desarro llo de la a. moderna. De 2.500 especies vegetales comestibles conocidas, se recolectan alrededor de 700 y solamente unas 250 son objeto de cultivo agrícola. La a. explota el ciclo vegetal en cuatro etapas: 1) la preparación del suelo, 2) la siembra, 3) el cuidado de los campos de cultivo, y 4) la recolección. El cultivo de las plantas exige un trabajo previo de preparación del suelo, que se realiza mediante un doble proceso: remoción de la tierra y mejoramiento de su composición química. Con la remoción se consigue la filtración de las aguas pluviales, dificultando su evaporación y favoreciendo el desarrollo de las raíces. La remoción del suelo se efectúa con la azada que, excavando en profundidad, no sólo realiza esta función mecánica, sino que consigue el enriquecimiento del suelo por la descomposición de la cobertura vegetal, o con el arado, que supone un perfeccionamiento técnico de la azada. El mejoramiento se procura por medio de abonos que refuerzan las cualidades del suelo, remediando la ausencia de materias orgánicas o minerales,, o creando un mejor equilibrio de éstas. En los grupos de a. simple el abono de los suelos se consigue inconscientemente por la quema de la cobertura vegetal preexistente y esparcimiento de las cenizas. Aunque esta operación se hace para dejar espacio libre a las plantas cultivables, se consigue también el enriquecimiento del contenido mineral del suelo. La mejora consciente del suelo por los abonos se desarrolla en un estadio avanzado de la a., utilizándose las materias orgánicas procedentes de animales domésticos e incluso humanas, como en Extremo Oriente. El uso de abonos químicos supone un perfeccionamiento notable en las técnicas agrícolas, quedando paulatinamente limitados los abonos naturales. El sembrado se realiza generalmente soterrando en el suelo las semillas o tubérculos. La siembra mediante el sistema de arrojar las semillas en las tierras es menos corriente, aunque es lo habitual en el mundo occidental, frecuentemente unido al sistema de la a. de arado. En Extremo Oriente se siembra en línea, siguiendo los surcos, para aprovechar al máximo el espacio, intercalando también en línea otras plantas más tempranas o más tardías respecto al tiempo de la recolección. Así se alterna el trigo con los nabos, la morera con el maíz y, por la misma razón, se rodean los arrozales con alubias. Las técnicas de la arboricultura (v. BOSQUE II), también variadas, suponen el conocimiento de las técnicas de trasplante (v.) e injerto (v.); a veces es preciso esperar un cierto tiempo relativamente largo para obtener los primeros frutos. Ello implica el sedentarismo de los grupos dónde se practica. La planta necesita unos cuidados especiales durante su crecimiento, protegiéndola contra los elementos naturales y de los animales por diferentes procedimientos. Los cultivos se resguardan de los vientos efectuando las plantaciones en hoyos naturales o artificiales o estableciendo barreras de árboles o arbustos, sistema muy frecuente en zonas de vientos fijos dominantes. A veces, ciertos cultivos, como algunas variedades de té, necesitan protegerse del sol bajo un toldo, normalmente de esterillas de paja; más recientes son las técnicas de protección contra las heladas. Contra los animales se emplean cercas, trampas y espantapájaros, aunque en regiones tropicales es necesaria una vigilancia directa, encargándose los jóvenes de espantar los animales. Existen diversas modalidades para llevar a cabo la recolección de frutos. Los productos subterráneos son desenterrados normalmente con los mismos instrumentos que se utilizan para preparar el suelo (bastón de cavar o azada). Para cortar las plantas herbosas o con tallo se emplean instrumentos especiales, los más antiguos han sido una serie de implementos rectos cortantes o formados por varias piezas de sílex dentadas, documentados ambos en la Prehistoria. Las hoces propiamente dichas son instrumentos difundidos más tardíamente desde Eurasia, siendo el resultante de una evolución progresiva de los antiguos elementos cortantes. La guadaña, empleada en Europa septentrional y occidental, es una evolución de la hoz. La utilización de cuchillos de segar persiste aún hoy día en la periferia africana y extremo oriental, habiéndose reservado su uso con carácter ritual (así en Vietnam, para el corte de la primera espiga de la cosecha) o para determinadas especies de arroz. Como medio auxiliar en las faenas de recolección es bastante general el uso de un bastoncillo recto o curvo para reunir y sostener los tallos durante la operación de corte. En Asia Menor se utiliza un gancho de una forma especial. La recolección de frutos de los árboles se efectúa directamente a mano o mediante un útil cortante que adquiere formas especializadas. A veces es necesario, para realizar esta operación, trepar a los árboles, lo que suele hacerse con ayuda de un lazo que se amarra a los tobillos y auxiliándose de ataduras que sostienen el cuerpo; también es corriente hacer muescas en los troncos lisos. Estos procedimientos de recolección de frutos de árboles son habituales en América tropical e Indias orientales. Modernamente, con la introducción progresiva de máquinas de aplicación agrícola, tales como el tractor, cosechadoras, segadoras, etc., las faenas agrícolas se han simplificado, y se tiende a acabar con los procedimientos tradicionales. 5. Tipos. Existen varios tipos de a., que responden en su origen a diversos factores, como son las posibilidades del suelo, la densidad de la población y la existencia de animales de trabajo, entre otros. Los principales tipos de a. son cuatro: extensiva, intensiva, policultivo y monocultivo. A. extensiva es la que necesita mucho espacio y largos periodos de barbecho que permitan la formación de sustancias fertilizantes; este tipo de a. lo practican en general los pueblos nómadas o seminómadas de las regiones subtropicales. Da origen a veces a un verdadero nomadismo (v.), pues los hombres tienen que emigrar continuamente buscando los claros del bosque. La práctica de la a. intensiva, que aprovecha al máximo el terreno disponible, es propia de los lugares de gran densidad de población, singularmente en algunos puntos de Extremo Oriente, donde configura típicamente el paisaje y es posible conseguir dos o más cosechas al año si la tierra es fértil, no siendo rentable el cultivo de plantas que, como el trigo, precisan una hibernación para completar el ciclo agrícola. Los policultivos son característicos de la zona mediterránea, donde la arboricultura (olivos y árboles frutales) desempeña un papel importante, alternando en los mismos campos con viñedos, cereales, legumbres, etc. Suponen una cierta autarquía en la economía agrícola de los grupos donde se da este género de cultivo. La importancia y necesidad de riego ha promovido complejas técnicas y manifestaciones jurídicas consuetudinarias. Una especialización impuesta por el medio la constituyen los policultivos de oasis en las zonas desérticas. Los monocultivos son consecuencia de la a. encaminada a la producción industrial que se práctica en las áreas desarrolladas de Eúropa y Nuevo Mundo, donde hay grandes zonas trigueras o vinícolas, en las que desaparece el campesino agricultor típico para ser sustituido por contingentes de obreros de carácter temporal que utilizan elementos técnicos mecánicos para las operaciones agrícolas.
I. P. GARRIDO RDIZ
http://www.canalsocial.net/GER/ficha_GER.asp?id=7536&cat=Historia